Apocalipsis 7:15 “Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
Éste es el cumplimiento del sueño de los profetas del pasado. Israel florecerá como la rosa y llenará la tierra de bendición. La nación será como una viña hermosa y fructífera que extiende sus ramas por toda la tierra y bendice a las naciones, tal como se le prometió a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra (Génesis 22:18). Asociados con ellos habrá miles de gentiles que, del mismo modo, sirven al Señor día y noche en relación con el templo, ministrando por toda la tierra (Isaías 66:20-21), mientras gozan de la comunión y protección de Dios a través de la eternidad. Servir a nuestro Dios en su obra hoy, es una bendición porque es el anticipo de lo que nos espera en el cielo nuevo y la tierra nueva. Sirvamos a nuestro Dios con gozo y disposición de nuestro corazón, porque Él nos libertó de una eterna condenación y nos ha dado vida para la gloria y alabanza de Su Santo nombre.
El pueblo de Dios experimenta Su fidelidad en cada paso de su camino. El extiende Su tienda sobre ellos. Esta promesa tiene una connotación pasada, presente y futura. Después de liberar a Su pueblo de la esclavitud en Egipto, Dios habitó entre ellos en el tabernáculo. Luego Jesús vino en carne para estar como “tabernáculo” entre Su pueblo, liberándolos de la esclavitud del pecado. Hoy vive con Su pueblo mientras su Espíritu habita en ellos.
Te encontrarás ante el trono de Dios y morarás con Aquel que se sienta en ese trono. Nunca más tendrás hambre. Nunca más tendrás sed. Nunca más experimentarás dolor, sufrimiento, pecado, enfermedad, persecución, depresión, ansiedad, temor, etc. En cambio, el Cordero que está en el centro del trono, tu Gran Pastor, te guiará a manantiales de agua viva. Y Dios enjugará toda lágrima de tus ojos. El gozo desbordante abunda en el refugio de la presencia del Señor. Amada iglesia que puedas anhelar ser parte de estas promesas fieles y verdaderas dadas por nuestro Eterno Dios, amado de nuestro corazón, perseverando firmes y constantes en el Señor, Amén.