Hebreos 10:23 “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”.
Por: Xavier Yánez Cando
El autor de Hebreos utiliza un lenguaje de resistencia. En un mundo donde los valores cambian y las ideologías fluctúan, la Iglesia está llamada a ser el punto de referencia espiritual. “Mantengamos firme”: No es una sugerencia, es un imperativo de vigilancia. Una iglesia firme es aquella que ha decidido que su teología, su moral y su misión no están a la venta ni sujetas a la opinión pública.
“Sin fluctuar”: La palabra original evoca la idea de algo que no se tambalea. Una iglesia que fluctúa es como una barca sin ancla; una iglesia Cristo-céntrica tiene su ancla en el lugar santísimo. Nuestra “profesión” no es un conjunto de reglas, es una Persona. La esperanza de la Iglesia no es un optimismo ciego sobre el futuro, sino una certeza basada en la obra terminada de Jesús en la cruz.
Cuando nuestra identidad es Cristo-céntrica, nuestra esperanza no sube ni baja según la economía, la política o las crisis de salud. Nuestra esperanza es constante porque el objeto de nuestra fe (Cristo) es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Aquí radica la clave del versículo: “porque fiel es el que prometió”.
A menudo intentamos ser constantes basándonos en nuestra propia fuerza de voluntad, y fracasamos. La iglesia se mantiene firme no porque nosotros seamos “super cristianos”, sino porque descansamos en la fidelidad de Dios. Él es quien sostiene la estructura. Nuestra constancia es una respuesta agradecida a Su fidelidad inquebrantable.