Hebreos 10:23 “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”.
Por: Marianella Layana de Jácome
Mantenerse firme sin fluctuar significa permanecer confiando en Dios y en sus promesas, aun cuando las circunstancias parezcan decir lo contrario o las respuestas tarden más de lo que esperamos. Es decidir creer cuando no vemos, esperar cuando todo parece detenido y seguir caminando, aunque el camino esté lleno de incertidumbre. La fe verdadera no depende de lo que nuestros ojos pueden contemplar, sino de la certeza de que Dios siempre cumple lo que promete.
La Biblia está llena de hombres y mujeres que aprendieron esta verdad. Abraham recibió una promesa extraordinaria: sería padre de una gran nación. Sin embargo, los años pasaban y esa promesa parecía cada vez más imposible. José también vivió una larga espera. Dios le mostró en sueños un futuro de honra, pero antes de llegar a ese destino conoció el rechazo de sus hermanos, la esclavitud, la injusticia y la prisión. Dios estaba formando en él el carácter, la sabiduría y la fortaleza que necesitaría para cumplir el propósito que tenía preparado. Lo que parecía un retraso era, en realidad, una preparación.
Así sucede muchas veces con nosotros. Queremos respuestas rápidas, puertas abiertas y soluciones inmediatas. Nos cuesta esperar, porque vivimos en un mundo que nos ha acostumbrado, a obtener todo al instante. Pero Dios no trabaja con la prisa del ser humano; Él obra con la perfección de su tiempo. Y aunque a veces el silencio de Dios pueda parecer desconcertante, ese silencio nunca significa ausencia. Él sigue obrando, aun cuando no podamos verlo.
Muchas personas confían en Dios cuando todo marcha bien, cuando hay salud, estabilidad y las bendiciones son visibles. Sin embargo, la verdadera madurez espiritual se demuestra cuando llegan las pruebas, las respuestas tardan y, aun así, decidimos seguir creyendo. Mantenerse firme significa seguir orando cuando parece que Dios guarda silencio, seguir obedeciendo, aunque no entendamos el camino y confiar, no en lo que sentimos o vemos, sino en el carácter fiel e inmutable de Dios.
No permitamos que la espera nos haga pensar que Dios te ha olvidado. Si Él hizo una promesa, también tiene el poder para cumplirla en el tiempo perfecto. Lo que hoy parece una demora tiene un propósito que, más adelante, podremos comprender. Por eso, permanezcamos firmes, confiando y caminando con Dios, porque la espera de hoy puede convertirse mañana en el testimonio de la fidelidad del Señor.