Hebreos 10:24-25 “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
La palabra “Considerar”, viene de la definición. “Katanoeo, percibir claramente (kata, intensivo). Significa, pues, estar consciente de, tomar muy en cuenta, estar atento a, no ignorar, no descuidar, no ser indiferente, estar sinceramente interesado, solícito.
Cada cristiano debe tomar muy en cuenta a sus hermanos en Cristo, estar muy consciente de la condición espiritual de cada uno. Debemos considerar cuidadosa y solícitamente las pruebas, las dificultades y flaquezas unos de otros, con el propósito de estimular el uno al otro a tener más amor y de-mostrarlo en buenas obras. Somos “hermanos”. Tenemos el mismo Padre. Somos familia. Compartimos toda bendición espiritual. Compartimos los mismos deberes, soportamos básicamente las mismas pruebas. Debemos, pues, ayudamos y alentarnos unos a otros para poder realizarlo.
La congregación es necesaria para nuestra fortaleza y protección. Debemos aplicar este versículo aún más a medida que nos acercamos al regreso de Jesús, pues experimentaremos resistencia al hacerlo. Puede que la forma de congregarse sea diferente a como era hace cinco o diez años, pero la Palabra de Dios sigue siendo verdadera. La Palabra de Dios contiene sabiduría y una advertencia para que acudan más personas «a medida que ven que el Día se acerca».
Es muy posible que la razón principal por la que no debemos dejar de congregarnos sea que esta es una instrucción de Dios para nuestra protección divina. 1 Pedro 5:8 nos recuerda que debemos estar vigilantes porque el adversario anda como un león, buscando devorar. ¿Cómo anda un león cuando busca devorar? Busca a su presa en soledad. La Palabra nos advierte: no dejen de congregarse, porque el enemigo busca devorar a los que están aislados. La realidad espiritual y la necesidad de «no dejar de congregarse» va más allá de una reunión oficial. Es un llamado a ser fortalecidos por Dios y a vivir la vida juntos. Como Cuerpo de Cristo, debemos ser prueba viviente de un Dios amoroso, Amén.