Josué 1: 8 “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”.
Por: Marianella Layana de Jácome
Así como una persona necesita alimentarse cada día para tener fuerzas físicas, también el espíritu necesita nutrirse constantemente de las Escrituras para mantenerse firme, saludable. Nadie puede conservar un cuerpo sano si deja de comer durante varios días; de la misma manera, ningún creyente puede permanecer fuerte espiritualmente si descuida la Palabra.
Muchas personas se preocupan intensamente por su salud física. Cuidan su alimentación, toman vitaminas, hacen. Y aunque todo eso es importante, muchas veces se olvida la parte más importante: La salud Espiritual. Hay personas físicamente fuertes, pero espiritualmente agotadas, desanimadas, vacías y sin dirección.
Un cuerpo mal alimentado se debilita paulatinamente no de un día otro. Primero aparece el cansancio, luego la falta de defensas, y finalmente llegan las enfermedades. Cuando un creyente deja de leer la Biblia, deja de orar y se aleja de la presencia de Dios, comienza a perder fortaleza interior. Poco a poco llegan la duda, el temor y el desánimo. Un cuerpo mal alimentado es un cuerpo que sobrevive, pero sin la nutrición necesaria para estar fuerte. Así también muchos cristianos sobreviven espiritualmente porque escuchan la Palabra ocasionalmente, entonces no crecen ni desarrollan la fortaleza que Dios desea para ellos.
Dios le dijo a Josué que meditara en su Palabra día y noche, no como una opción, sino como la clave para vivir con firmeza, sabiduría y victoria. Meditar en ella significa reflexionar y permitir que transforme la vida por completo. Dios promete que, al hacerlo, todo te saldrá bien. La vida espiritual no puede fortalecerse solo con escuchar la Palabra los domingos. La comunión diaria con Dios produce crecimiento espiritual constante y fortaleza interior.
Una iglesia madura no es solo la que tiene muchas actividades. Permitámonos ser una iglesia que ama y practica las Escrituras, que permanece firme en las pruebas, que es sensible a la voz de Dios y que se prepara constantemente para cumplir su propósito.