Efesios 4:13 “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.
Por: Marianella Layana de Jácome
Dios quiere que como creyentes no nos quedemos estancados, sino que crezcamos hasta llegar a una fe madura y estable en Cristo. Esto no significa ser perfectos sin errores, sino ir formando un carácter cada vez más parecido al de Jesús, en la manera en que pensamos, hablamos y actuamos. El crecimiento espiritual es un proceso. Nadie madura de un día para otro. Así como un niño necesita tiempo para aprender a sentarse, gatear, caminar y hablar, nosotros también necesitamos tiempo para crecer en la fe.
La meta de Dios es que no tengamos una fe inestable, que cambie según las emociones o las circunstancias, sino una fe firme, que sabe en quién ha creído. Una fe que no vive en la duda constante, sino que se mantiene en la verdad, buscando cada día más a Cristo y obedeciendo su Palabra.
Cuando la Biblia habla de “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, se refiere a que Dios quiere que vayamos pareciéndonos cada vez más a Jesús: en su paciencia, en su humildad, en su amor y en su forma de tratar a los demás. Esto puede parecer algo difícil al inicio. A veces sentimos que no avanzamos o que nos cuesta cambiar. Pero no estamos solos en este proceso. Con la ayuda del Espíritu Santo, sí es posible ir avanzando paso a paso. Él nos da fuerza cuando somos débiles, nos corrige cuando fallamos y nos ayuda a seguir adelante cuando queremos rendirnos.
Cada pequeño cambio, cada decisión correcta y cada día de fidelidad nos acerca más a esa madurez que Dios quiere formar en nosotros.