ESTAD FIRMES Y CONSTANTES EN LA MADUREZ ESPIRITUAL: 1 Corintios 15:58 “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”
Por: Marianella Layana de Jácome
Un agricultor plantó una palmera joven en su terreno. Al inicio parecía débil y sin crecimiento visible, y un vecino le dijo que la quitara porque no servía. Pero el agricultor respondió: “No la voy a quitar, porque, aunque no se vea, sus raíces están creciendo”. Con el tiempo, esa palmera se volvió una de las más fuertes, resistiendo tormentas que derribaban otros árboles. Así también es la vida cristiana: muchas veces el crecimiento más importante no se ve por fuera, pero está ocurriendo en lo profundo del corazón.
A lo largo de los estudios bíblicos y los sermones de este año en nuestra congregación, hemos escuchado muchas veces lo importante que es tener raíces profundas en la fe, como la palmera, que cuando llegan vientos fuertes se dobla, pero una vez que pasa la tormenta vuelve a estar firme. De la misma manera, la vida cristiana no se trata solo de comenzar con emoción, sino de mantenerse firmes hasta el final. No es solo empezar bien, sino terminar bien. Ser constantes en todo, incluso en lo más sencillo, como la oración diaria, la lectura de la Biblia, incluso en la asistencia a la iglesia.
El problema muchas veces es que dejamos que nuestras emociones nos controlen. Un día nos sentimos bien, pero al siguiente estamos desanimados. Y eso hace que a veces empecemos cosas importantes con Dios., un compromiso, un servicio, cambios en nuestra vida espiritual, o incluso hábitos de salud, pero con el tiempo, por cansancio o desánimo, los dejamos a medias.
Si no tenemos cuidado, esas emociones pueden alejarnos de lo que Dios quiere que hagamos. Pero la madurez espiritual es aprender a no vivir por lo que sentimos, sino por lo que creemos en la Palabra de Dios. Dios nos llama a no abandonar lo que empezamos. Aunque haya cansancio, dificultades o distracciones, Él nos anima a ser constantes y fieles. Ser constantes es seguir adelante, aunque no tengamos ganas, aunque no veamos resultados y aunque otros se detengan. Dios valora más la fidelidad de cada día que la emoción de un momento.