Estamos Ubicados en:
Ximena 421 y Padre Solano,
info@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216
Berajot
berajot@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216

Apocalipsis 2:25 “Pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera 

Amados hermanos y amigos, nuestro Señor Jesús habla a la iglesia diciendo: “retenedlo hasta que yo venga”. Estas palabras contienen un llamado urgente a permanecer fieles hasta el final. En medio de un mundo cambiante, lleno de presión espiritual y confusión doctrinal, el Eterno sigue buscando cristianos que no abandonen la verdad que han recibido.

Retener implica valorar profundamente aquello que Dios ha entregado. Nadie lucha por conservar algo que considera poco importante. Pero cuando el cristiano comprende el valor de la verdad, protege su fe con convicción y perseverancia.

El paso del tiempo puede producir cansancio espiritual. Las pruebas, las luchas y las decepciones intentan debilitar el corazón. Incluso el enemigo busca sembrar desánimo para que el cristiano suelte lentamente aquello que antes abrazaba con firmeza.

Sin embargo, Jesús llama a Su iglesia a permanecer. No solamente comenzar bien, sino terminar fielmente. Porque la vida cristiana no es una carrera corta de entusiasmo momentáneo, sino un caminar continuo de perseverancia y dependencia de Dios. Retener la verdad también implica resistir la presión del mundo. Vivimos en una generación donde muchos principios bíblicos son rechazados o cuestionados. Pero la verdad del Eterno no cambia con las culturas ni con el paso del tiempo.

La fidelidad muchas veces ocurre en silencio. Día tras día, el cristiano decide seguir orando, obedeciendo, creyendo y permaneciendo cerca de Dios aun cuando no ve resultados inmediatos. Y aunque el mundo quizás no lo note, el Señor sí lo ve. La sana doctrina fortalece precisamente esa perseverancia final. Recordar las promesas de Dios, contemplar Su fidelidad y permanecer en Su Palabra ayuda al cristiano a no rendirse en medio de la batalla espiritual. Cristo viene por una iglesia firme, perseverante y fiel. No perfecta en sí misma, pero sí aferrada a Él hasta el final.

Que nuestro corazón nunca suelte la verdad que el Eterno sembró en nosotros. Y que cuando el Señor venga, pueda encontrarnos permaneciendo firmes, constantes y llenos de fe. Shalom.

Usamos cookies para una mejor experiencia de usuario.