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Santiago 1:22 “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera 

Santiago exhorta a los cristianos a no ser solamente oidores de la Palabra, sino hacedores de ella. Estas palabras confrontan una realidad espiritual importante, es posible escuchar mucha verdad y aun así vivir lejos de ella. La sana doctrina nunca fue diseñada únicamente para aumentar conocimiento intelectual. Su propósito es transformar la vida. Cuando la verdad de Dios entra genuinamente al corazón, inevitablemente produce obediencia.

Amados hermanos y amigos, existe un peligro silencioso en acostumbrarse a escuchar la Palabra sin permitir que produzca cambios reales. Poco a poco el corazón puede endurecerse, llegando a escuchar mensajes poderosos sin experimentar transformación interior. Santiago compara a quien oye y no practica con alguien que se mira en un espejo y luego olvida cómo era. La Palabra revela la verdadera condición espiritual del hombre. Muestra áreas que necesitan corrección, pecado que debe abandonarse y actitudes que el Eterno desea transformar.

Pero escuchar sin obedecer produce autoengaño. El cristiano comienza a pensar que está espiritualmente bien simplemente porque conoce la verdad, aunque su vida no refleje ese conocimiento. La obediencia no siempre resulta fácil. Muchas veces implica renuncia, cambios y decisiones incómodas. Sin embargo, cada acto de obediencia fortalece la relación con el Eterno y afirma la vida espiritual.

El Eterno no busca cristianos llenos únicamente de información bíblica, sino personas dispuestas a vivir conforme a Su voluntad. Porque el verdadero crecimiento espiritual ocurre cuando la verdad pasa de la mente al corazón y del corazón a las acciones.

La sana doctrina produce frutos visibles, amor, integridad, humildad, santidad y perseverancia. No porque el hombre alcance perfección absoluta, sino porque el Espíritu Santo comienza a transformar progresivamente su vida. Hoy más que nunca la iglesia necesita volver a vivir aquello que predica. Un mundo confundido necesita ver cristianos cuya vida refleje verdaderamente la obra de Cristo. Porque al final, la verdad que transforma no es solamente la que se escucha, sino la que se obedece. Shalom.

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