Mateo 6:24 “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
Jesús nos presenta una verdad fundamental sobre la lealtad. No podemos dividir nuestro corazón entre Dios y las riquezas (o cualquier otra cosa que compita por su lugar). Servir a dos señores es imposible porque tarde o temprano, uno de ellos será descuidado o incluso rechazado.
No podemos servir a dos señores porque, como dijo Jesús, acabamos odiando a uno y amando al otro. Es natural. Los amos opuestos exigen cosas diferentes y conducen por caminos distintos. El Señor va en una dirección, y nuestra carne y el mundo van en la otra. Hay que hacer una elección. Cuando seguimos a Cristo, debemos morir a todo lo demás, o no lo lograremos.
La verdadera felicidad, la realización y el propósito no provienen de la riqueza. Esa plenitud proviene de hacer aquello para lo que fuimos creados: tener una relación con Dios. Cuando eliges servir a cualquier amo —incluido el dinero— que no sea Dios, te privas de aquello para lo que fuiste creado. Si has puesto tu fe en Jesucristo, eres hijo de Dios (Juan 1:12). Y ninguna cantidad de dinero te hace ser más o más grande de lo que ya eres en Dios. Tu lealtad debe ser a Dios, no a la riqueza. Esto no quiere decir que no debamos tener trabajos o relaciones o administrar bien nuestras finanzas. Al contrario, los creyentes estamos llamados a cuidar de nuestra familia (1 Timoteo 5:8), dar generosamente (1 Corintios 9:14; 2 Corintios 9:6-8; Gálatas 6:2, 6-10) y ser buenos administradores de los recursos con los que el Señor nos ha bendecido (1 Pedro 4:10). Pero lo que impulsa nuestro comportamiento es agradar al Señor, no la riqueza y el beneficio personal. Nuestros valores son los de Dios, no los del mundo (Colosenses 3:1-17). El costo de amar el dinero es demasiado alto; nos aleja de Dios. En nuestras vidas solo hay sitio para un amo: Dios, el Eterno Padre Celestial.
Amado Padre Soberano, te damos gracias por tu amor incondicional y por tu verdad que nos libera. Te agradecemos por mostrarnos que no podemos servir a dos señores y que debemos elegirte a ti por encima de todo. Ayúdanos a examinar nuestras prioridades y a ponerte a ti en el centro de nuestra vida.