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Tito 2:11-12 “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera 

La gracia de Dios no solamente apareció para ofrecer salvación al hombre, sino también para producir transformación en él. El apóstol Pablo enseña que la gracia “nos enseña” a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos. Esto revela una verdad poderosa, la gracia verdadera nunca deja al hombre igual. Donde la gracia de Dios actúa genuinamente, comienza un proceso de cambio, de limpieza interior y de santificación progresiva.

Vivimos en un tiempo donde muchos desean recibir los beneficios del evangelio sin asumir el compromiso de una vida transformada. Se busca una fe cómoda, sin confrontación y sin renuncia. Pero la sana doctrina nunca alimenta una vida de indiferencia espiritual. Al contrario, despierta en el cristiano el deseo de agradar al Eterno y apartarse de aquello que lo aleja de Su presencia.

La santidad no es una carga religiosa, ni una apariencia externa, es el resultado de un corazón que ha comprendido quién es Dios. Cuando el cristiano contempla la santidad del Señor a través de Su Palabra, inevitablemente reconoce su necesidad de cambio. La doctrina sana produce esa conciencia espiritual. No permite que el pecado sea tratado con liviandad, porque revela cuánto costó nuestra redención.

Es importante entender que la santidad no ocurre de manera instantánea. Es un proceso continuo donde el Espíritu Santo trabaja en lo profundo del corazón. Día tras día, Dios confronta actitudes, corrige pensamientos y transforma deseos. Y aunque muchas veces el proceso es lento, cada paso de obediencia fortalece la vida espiritual.

La doctrina correcta no solo informa acerca de Dios, forma el carácter de Cristo en nosotros. Por eso, una iglesia que descuida la sana doctrina inevitablemente también debilita la santidad. Cuando la verdad pierde profundidad, la vida espiritual pierde dirección. La gracia no es permiso para vivir sin límites, es poder para vivir conforme a la voluntad del Eterno. Y mientras más cerca está el cristiano de la verdad, más sensible se vuelve a la voz del Espíritu Santo.

Hoy el Eterno, mis amados hermanos y amigos, sigue buscando un pueblo santo, no perfecto en sí mismo, pero sí rendido y dispuesto a ser transformado. Personas que comprendan que la verdadera evidencia de una doctrina sana no es solamente cuánto se conoce, sino cuánto se refleja a Cristo en la vida diaria. Shalom.

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