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Zacarías 4:6 “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Por: José Antonio Villegas Zambrano

El profeta Zacarías entrega una palabra de instrucción divina a Zorobabel en un contexto de reconstrucción de la nación donde los recursos humanos eran escasos y la oposición parecía insuperable. La palabra “Espíritu” se traduce originalmente del término hebreo “Rúaj”, que se relacionaba a la autoridad soberana, el aliento de vida y al mismo Dios invisible que opera más allá de los límites, capacidades y estrategias de los hombres. Este principio eterno funciona como una advertencia severa para la iglesia, no se sienta tentada a confiar sus capacidades intelectuales, estrategias profesionales, habilidades o incluso fuerzas humanas para cumplir con el propósito de Dios.

El pragmatismo establece que el fin justifica los medios, argumentando que, si un método atrae multitudes o genera recursos financieros, entonces debe ser adoptado por la iglesia, independientemente de si está alineado o no con los principios éticos de las Escrituras. Pensar así deforma la naturaleza y el propósito de la de la iglesia, transformando un organismo espiritual en una corporación de entretenimiento religioso. 

¿Hemos comenzado sutilmente a sustituir la dependencia del Espíritu Santo y la oración por el uso de técnicas de mercadotecnia emocional (pirotecnia religiosa) para mantener activa la membresía? La Palabra de Dios desmantela todo argumento declarando que pretende insinuar que el Evangelio necesita algún tipo de ayuda o adaptación cultural para mejorar su efectividad. Ya que nos declara que el Evangelio es, por sí mismo, poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. 

La firmeza en nuestra fe se demuestra manteniendo como centro de nuestra predicación a Cristo crucificado, la necesidad del arrepentimiento por el pecado y el llamado a la santificación, confiando siempre en que el Espíritu Santo es el único encargado de convencer al hombre de su condición y necesidad espiritual.

Las herramientas tecnológicas contemporáneas son útiles, únicamente cuando están completamente subordinadas a la soberanía de la Palabra de Dios y al mover del Espíritu Santo. La iglesia debe recuperar la confianza absoluta en los medios que el Señor ha establecido: la oración, la lectura diaria de la Biblia, la adoración y la exposición fiel de los textos sagrados.

Amada iglesia, en el nombre del Señor apartemos nuestros ojos de las estrategias humanas y volvamos a depender enteramente del poder sobrenatural del Espíritu de Dios. Confiemos plenamente en que Aquel que comenzó la buena obra en nosotros la perfeccionará con poder hasta el “Día de Jesucristo”, Amén.

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