1 Tesalonicenses 5:8 Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo.
Por: Dayse Villegas Zambrano
El yelmo de la salvación lo conocemos bien, es parte indispensable de la armadura de Dios. Esta antigua palabra significa cubierta o protección, y entre sus distintos estilos, en la Edad Media llegó a ser un cilindro de metal que cubría toda la cabeza, incluido el rostro. Para mayor seguridad.
La esperanza de salvación es nuestra cobertura; nos garantiza que no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación gracias a Jesucristo (1 Tes. 5:9). La esperanza de salvación nos protege de la destrucción repentina que le llega al que vive desapercibido de la venida del Señor (1 Tes. 5:3).
La esperanza de salvación es una medida preventiva contra las tinieblas espirituales que podrían hacernos creer que podemos tener dobles vidas, engañando y ocultando, y que Dios no lo verá y que no habrá consecuencias (1 Tes 5:4-5).
La esperanza de salvación nos provee de sobriedad y evita que estemos espiritualmente adormecidos; nos mantiene alertas y vigilantes en espera de las buenas noticias (1 Tes. 5:6). La esperanza de salvación nos dice que sea que velemos (estemos con vida en esta tierra) o durmamos, estamos igualmente vivos con el Señor (1 Tes. 5:10).
Necesitamos el yelmo de la salvación porque nuestros pensamientos y nuestros sentidos, esas capacidades tan importantes, pueden confundirnos y engañarnos. Pero la cobertura de Cristo en nosotros apacigua la mente y las emociones, y nos protege.