Estamos Ubicados en:
Ximena 421 y Padre Solano,
info@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216
Berajot
berajot@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216

1 Timoteo 4:16 “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera 

Existe una conexión inseparable entre lo que creemos y cómo vivimos. El apóstol Pablo lo expresa con mucha claridad, cuida de ti mismo y de la doctrina. No los separa, porque no pueden separarse. La doctrina sin vida se convierte en teoría. La vida sin doctrina se vuelve desordenada. Ambas deben caminar juntas, en equilibrio, en coherencia.

Es posible conocer profundamente la Verdad y, aun así, vivir de manera contradictoria. Pero esa contradicción no pasa desapercibida. Tarde o temprano, la vida revela lo que realmente hay en el corazón. La sana doctrina tiene un propósito, y es el de transformar. No fue dada solo para ser estudiada, sino para ser vivida. Cada principio, cada enseñanza, cada verdad apunta a una vida alineada con el Eterno.

Cuando la doctrina desciende al corazón, produce cambios visibles. En la manera de hablar, de actuar, de decidir. No por imposición, sino por convicción. En tal sentido, cuidar la doctrina es importante, pero también lo es cuidar la vida. Porque una doctrina correcta sostenida por una vida incorrecta pierde credibilidad. Y una vida correcta sin doctrina firme carece de fundamento.

Amados hermanos y amigos, el Eterno busca integridad. Una fe que no solo se declara, sino que se demuestra. Una vida que refleje lo que cree. Hoy es un buen momento para evaluar. No solo qué creemos, sino cómo vivimos. Porque al final, la doctrina que no se vive, se pierde. Shalom.

Usamos cookies para una mejor experiencia de usuario.