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2 Timoteo 2:2 “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera 

La Verdad no fue diseñada para quedarse en una sola generación. Desde el principio, Dios estableció un principio de transmisión, lo que has recibido, entrégalo a otros. Pero no de cualquier manera, sino con fidelidad.

El apóstol Pablo habla de hombres fieles, no necesariamente de los más capacitados, sino de los más comprometidos. Porque la fidelidad garantiza continuidad. La capacidad puede impresionar, pero la fidelidad preserva. Enseñar con fidelidad implica transmitir la verdad sin alterarla. No adaptarla para agradar, no modificarla para encajar, no suavizarla para evitar rechazo. Tal como fue recibida, así debe ser entregada.

La enseñanza no es solo un acto de comunicación, es un acto de responsabilidad. Lo que se enseña tiene el poder de formar vidas, de dirigir destinos, de establecer convicciones. Por eso, cada cristiano, en algún nivel, es llamado a enseñar. Tal vez no desde un púlpito, pero sí desde su vida, desde sus palabras, desde su ejemplo.

La fidelidad en la enseñanza también implica preparación. No se puede enseñar lo que no se conoce, ni transmitir lo que no se ha vivido. Por eso, antes de enseñar a otros, es necesario ser formado en lo secreto. Amados hermanos y amigos, hoy por hoy, la iglesia necesita transmisores fieles de la verdad. Personas que no busquen reconocimiento, sino obediencia. Que entiendan que enseñar no es protagonismo, sino servicio. Cuando se proclama con fidelidad su gracia infinita, las generaciones permanecen firmes. Y la sana doctrina continúa viva, no como tradición, sino como Verdad eterna. Shalom.

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