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2 Tesalonicenses 2:15 “Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.”

Por: José Antonio Villegas Zambrano

El apóstol Pablo dirige a los creyentes de Tesalónica una advertencia crucial frente a los tiempos de confusión y engaño apostata que se manifestarían en los últimos días. La palabra “Retened” viene del término griego “krateo”, que significa sostener con firmeza, aferrarse con todas las fuerzas para que nadie lo arrebate. Este mandato implica un esfuerzo intencional por parte de la iglesia. No se trata simplemente de recordar ciertos principios bíblicos, sino de abrazar la verdad divina de tal manera que se convierta en el ancla inamovible de nuestras almas en medio de las mareas de confusión.

La doctrina que la iglesia primitiva recibió no fue el resultado de debates humanos ni de asambleas filosóficas, sino la revelación directa del Espíritu Santo a través de los apóstoles. Hoy en día, nos enfrentamos al peligro constante de diluir esa verdad para hacerla más aceptable a los oídos de una sociedad que aborrece lo bueno y llama bueno a lo malo. ¿Hemos caído en la tentación de suavizar el Evangelio para evitar el rechazo o una posible confrontación? Retener la doctrina exige valentía para sostener que la Palabra de Dios no pasa de moda, no necesita actualización ideológica y sigue siendo la máxima autoridad de la fe y la conducta del creyente.

La firmeza colectiva de la iglesia se tambalea cuando sus miembros descuidan el estudio profundo de las Escrituras. El engaño no siempre se presenta de forma evidente; a menudo se infiltra sutilmente camuflado de espiritualidad, o de nuevas revelaciones atractivas. Mantenerse constantes en la verdad requiere que desarrollemos un discernimiento agudo, capaz de contrastar cada mensaje que escuchamos con la infalible norma bíblica como lo hacían los hermanos de Berea. Si no conocemos a fondo las Sagradas Escrituras, seremos presas fáciles de cualquier viento de doctrina que sople.

El propósito de retener la sana doctrina es preservar la pureza del testimonio cristiano para que el mundo conozca el poder transformador de la gracia de Dios. Cada hogar cristiano y cada congregación local deben transformarse en centros de custodia de la verdad, donde las nuevas generaciones sean instruidas con fidelidad y pasión por el Evangelio puro.

Amada iglesia del Señor, el llamado en este día es a no soltar la herencia espiritual que hemos recibido de manos de los testigos fieles. Que las corrientes de pensamiento contemporáneas no os muevan de vuestro fundamento, ni nos desvíen del camino angosto de la santidad. Sabiendo que el Dueño de la iglesia viene pronto a recoger a su pueblo santo. Permanezcamos firmes y constantes en la verdad guardando el buen depósito de la fe que nos fue confiado. Amén.

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