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Filipenses 3:14 “Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

Por: Xavier Yánez Cando

La firmeza de la iglesia no se mide por su capacidad de quedarse estática, sino por su determinación de avanzar en una sola dirección. En el griego original, la palabra “prosigo” – “dioko sugiere una persecución intensa, como la de un atleta que corre con cada fibra de su ser.

Una iglesia que no tiene a Cristo como meta, se convierte en un club social, la firmeza no nace de nuestras fuerzas, sino de no quitar los ojos del objetivo. Si la iglesia mira hacia los lados (comparaciones, modas o conflictos internos), pierde el equilibrio. Si mira hacia atrás (fracasos pasados o glorias antiguas), pierde la perspectiva. 

En este pasaje Pablo también nos enseña que el llamado de la iglesia es “supremo”, es decir, viene de lo alto. Esto eleva nuestra identidad por encima de cualquier etiqueta terrenal. Una iglesia constante entiende que su misión no es política, ni meramente humanitaria; es una misión eterna. Cuando el mundo intenta presionar a la iglesia para que cambie su mensaje, la iglesia responde: “No puedo detenerme, mi llamado es supremo y mi autoridad es divina”.

Notemos que la meta, el premio y el llamamiento ocurren únicamente en Cristo Jesús. Él es el inicio, el camino y el fin de nuestra carrera. Una iglesia con identidad Cristo-céntrica no busca “bendiciones” aisladas de la presencia de Dios; busca a la Persona de Jesucristo, que es la fuente de toda bendición.

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