Gálatas 5:15 “Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
El mundo está lleno de odios, envidias, venganzas, guerras, homicidios, daño a la propiedad privada, daño a la reputación de las personas, persecuciones y todo tipo de bajezas unos a otros, lo que ha creado una vida llena de preocupaciones en nuestro diario vivir sobre el actuar violento de los unos contra los otros.
En nuestro tiempo tal vez usted ha observado el actuar de ciertas personas, que se hacen llamar cristianas, actuando en la carne y no en el Espíritu de Dios, sustrayendo lo que es de otros, calumniando, ultrajando con palabras o hechos a otros, siendo malos trabajadores, malos esposos o padres, malos hijos, egocentristas, juzgando y descalificando, desleales, indiferentes al reino de Dios y su justicia, etc.
Sin embargo, la Palabra de Dios enseña a todos los cristianos del mundo todo lo contrario, que debemos ser sal y luz de la tierra, reflejando a Cristo en nuestras vidas, con nuestro testimonio fiel, manifestando el fruto del Espíritu Santo como una constante en nuestro obrar y viviendo en la voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta.
En el camino del andar cristiano, podemos enojarnos con alguien por su mal actuar, pero siempre debemos procurar perdonar y reconciliarnos con esa persona, orar por el que se hace llamar nuestro enemigo. Siempre. En tal sentido, el Apóstol Pablo guiado por el Espíritu Santo, nos aconseja que no nos hagamos daño, que los odios, rencores y venganzas que se anidan en los corazones nos lleven a consumirnos unos a otros como fieras hienas que forman manadas para cazar y devorar a su presa. Es importante recordar el mandamiento que nos dejara nuestro Señor Jesucristo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35).
Padre Celestial que estas en los cielos, en el nombre de Jesús Tú Hijo amado, te pedimos perdón si en algún momento nos hemos conducido en nuestro obrar cristiano de manera no apropiada, te rogamos que cada día podamos amar a nuestro hermano y/o prójimo como Tú nos amaste a nosotros, Amen.