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Hebreos 3:6 Pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.

Por: Dayse Villegas Zambrano

La familia de Dios es firme en la esperanza. Es la casa edificada sobre la roca. Es una casa que está equipada para los cambios de estación, los vientos, las lluvias, las sequías, las inundaciones. No está pensando en evitar los tiempos, sino en estar preparada para lo que venga. 

La esperanza es activa, no andar sin cuidado, es actuar con una mentalidad positiva: este trabajo no es en vano; podemos hacerlo todo en Cristo que nos fortalece; recibiremos recompensa si perseveramos; a su debido tiempo cosecharemos; uno siembra, otro riega, pero el crecimiento viene de Dios; todas las cosas les ayudan a bien a los que a Dios aman.  

La esperanza no es un valor de unos cuantos cristianos. Es una virtud permanente y compartida por todos. Mi esperanza está en Dios y se fortalece junto con la de los demás. Cuando alguien se está agotando de esperar, lo sostengo. Cuando mi confianza se debilita, me sostienen. 

La casa de Dios, unida, no se deja caer. Nos convertimos en pilares los unos de los otros. Jamás nos alegramos de que alguien se tropiece, nos apresuramos a afirmarlo. Lo ayudamos a retener su confianza y el gozo de estar esperando algo verdadero. Nos preparamos juntos para enfrentar los tiempos en que vivimos con la actitud de la mujer de Proverbios 31:25: “Fuerza y honor son su vestidura; Y se ríe de lo por venir”. Es la actitud de la iglesia. Miremos al futuro con gozo, fortalecidos y revestidos de honor.

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