IGLESIA ESTAD FIRMES Y CONSTANTES EN LAS PROMESAS DE DIOS: 1 Corintios 15:58 “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”
Por: José Antonio Villegas Zambrano
El llamado a la firmeza espiritual no es aliento poético en tiempos de paz, sino un clamor urgente para advertir a una iglesia que avanza en medio de un terreno hostil. La palabra “Firmes” viene del griego “hedraios”, que significa estar asentado, colocado en un asiento, estables e inconmovible. El apóstol Pablo conecta de manera directa nuestra fe con el reflejo de la constancia en nuestro servicio. Estar firmes significa tener raíces profundas en el fundamento de la verdad eterna, y no ser arrastrados por corrientes filosóficas, vientos de doctrina o la presión de una sociedad que cambia cada día.
Ser constantes implica que nuestra devoción no dependerá de nuestro estado de ánimo, de algún tipo de reconocimiento o de las circunstancias ya sean estas favorables o no. La constancia es el hábito de permanecer en la brecha, cuando el entusiasmo inicial ya se ha desvanecido y cuando las fuerzas empiezan a flaquear. La iglesia de Cristo no se sostiene por emociones pasajeras, sino por decisiones llenas de convicción. Arraigadas en Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.
A menudo, el enemigo de nuestras almas intentará sembrar la semilla del desánimo. Sin embargo, las escrituras derrumban esa mentira con una promesa de recompensa eterna. La motivación firme para persistir radica en la certeza absoluta de que nuestro trabajo en el Señor no es en vano. Ningún sacrificio por la causa del Evangelio pasa desapercibido ante los ojos del Dios; cada semilla de verdad sembrada dará su fruto a su debido momento.
Por tanto, amada iglesia, crecer en la obra del Señor debe ser nuestro estilo de vida y este crecimiento no es meramente numérico, sino que debe ser manifestado en una madurez espiritual colectiva que sabe distinguir la voz del Buen Pastor de la voz del extraño. Crecer significa que no podemos conformarnos con lo alcanzado en el pasado; sino que la mirada debe estar hacia delante, mirando a la meta y esto exige firmeza y constancia al servicio de Dios.
¿Está nuestra constancia basada en cómo nos sentimos hoy o en la fe en Dios y sus promesas? Mantenernos firmes y constantes en la verdad requiere una dependencia absoluta del Espíritu Santo, y la verdad que defendemos no es un concepto, sino la persona misma de Jesucristo. Que este mensaje resuene en cada corazón como un trompetazo de alerta hacia la consagración. ¡Ni un solo paso atrás! Porque la victoria pertenece a los que permanecen fieles hasta el fin, Amén.