1 de Pedro 5:10 “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”.
Por: José Vaquero Aragundi.
Debemos comprender que el sufrimiento que experimenta todo cristiano, no es el final de la historia para los que confían en Dios. A veces, en medio de una prueba, aflicción o enfermedad podemos sentirnos desanimados e incluso podemos preguntarnos si el dolor tiene algún propósito. Pedro nos hace una aclaración: todo sufrimiento es temporal, y el Señor, en su infinita gracia, puede usarlo para perfeccionar nuestras vidas.
Dios no solamente nos llama a una vida eterna en Cristo, sino que también se compromete a través de su Santo Espíritu, a trabajar activamente en nuestros corazones mientras atravesamos momentos de aflicción. Él nos perfecciona, puliendo nuestras imperfecciones; y nos afirma en su camino fortaleciendo nuestra fe; nos da fuerzas para enfrentar cualquier desafío, y finalmente, nos fortalece, dándonos un propósito a nuestras vidas.
Cada sufrimiento que enfrentamos en Cristo, es una oportunidad para que el Señor fortalezca nuestro carácter y nos acerque más a Él. Aunque a menudo parezca que las tribulaciones sean sin un propósito, debemos acordarnos que Dios siempre actúa para nuestro beneficio (Romanos 8:28). Su finalidad es perfeccionarnos y darnos madurez espiritual a través y/o a pesar de las dificultades.
Si estamos pasando por un momento difícil, confiemos en que Dios está con nosotros, perfeccionándonos y preparándonos para una eternidad junto a él. La aflicción o sufrimiento solamente es un capítulo en nuestras vidas en el que Dios está obrando, con un final glorioso. Mantengámonos firmes hasta la venida del Señor, porque es su gracia y su misericordia la que nos sostiene, y sus promesas nunca fallan.