Iglesia, estad firmes y constantes en la esperanza que nos aguarda: Salmos 16:9 Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente.
Por: Dayse Villegas Zambrano
El bienestar integral o calidad de vida tiene un valor incalculable, y por eso ahora todos nos hacen esta oferta: los servicios y productos de salud dicen que nos mantendrán sanos hasta la vejez; los seguros de vida prometen que cuidarán a los nuestros cuando ya no estemos; los bancos garantizan que tendrán a salvo nuestros bienes; las agencias de viajes, por su parte, aseguran que al recorrer el mundo y tener experiencias nuevas nos sentiremos realmente vivos. “La vida es ahora”.
Pero en los salmos hay un cántico a la calidad de vida que Dios guarda para los que esperan en él. Está en el capítulo 16, y habla de una herencia escogida, pensada y respaldada por Dios Es tan deseable que no hay otra cosa buena que el corazón del creyente espere, fuera de ella (verso 2).
Está reservada para los santos y para los íntegros, es decir que no pueden esperarla los que sirven a otros dioses ni los que derraman sangre (versos 3-4). Es una herencia que lleva el sello personal de Dios y que es sustentada por él: no disminuye ni se deteriora ni hay dudas de su autenticidad (verso 5).
Es suficientemente hermosa como para satisfacer las exigencias y profundidades del alma humana (verso 6). Es una herencia que no obsesiona ni nubla el entendimiento con miedo, avaricia y desconfianza, sino que va haciendo más sabio al heredero; lo aconseja, le enseña, lo afirma (versos 7-8). Es una herencia que trae alegría completa: el corazón (suple todos los deseos), la mente (responde a todas las inquietudes y necesidades) e incluso trae completo reposo para el cuerpo (verso 9).
La esperanza es mucho más que una promesa de disfrute temporal. Para el que espera en Dios, la vida no es solamente ahora: la vida es eterna, es abundante, es integral. Abarca todos los espacios del ser y se proyecta para conectarnos con Dios. Nos libra de la cruda realidad de la destrucción del alma y del cuerpo (verso 10). Y nos muestra un resultado permanente. Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre.