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Salmos 31:24 Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, Y tome aliento vuestro corazón.

Por: Dayse Villegas Zambrano

Cuando Elías decidió huir y esconderse de Acab y Jezabel, lo hizo porque se sintió derrotado. Se fue al desierto, se sentó bajo un árbol y pidió morirse. Sin embargo, él no estaba destinado a la derrota ni a la muerte. Alimentado por Dios, recibió fuerza suficiente para caminar cuarenta días y cuarenta noches, hasta llegar al lugar en que se comunicaría directamente con Él.

Existe una idea de que las personas que se aferran a la esperanza son aquellas a las que ya no les queda nada más por hacer, están vencidas, derrotadas, resignadas, y se consuelan de esta manera, creyendo que alguien vendrá a salvarlas o a terminar con todo y ahorrarles más sufrimiento. 

Pero en la Biblia, la esperanza no es de ninguna manera el equivalente a indefensión, inercia o resignación. La esperanza es fortaleza y esfuerzo. Los valientes esperan a Dios. Los que esperan en Dios encuentran en él la fuerza para seguir adelante y emprender buenas obras. Cuando parece que están derrotados, son victoriosos, visionarios, encuentran contentamiento a pesar de las pruebas. Cambian su lamento por palabras de fe, de aliento, de testimonio. Hay algo inamovible en sus corazones: creen en alguien que es merecedor de confianza.

Según Isaías 40:31, los que esperan en Dios no se desmayan ni se echan a llorar; caminan, corren y se elevan como las águilas.  Los que esperan en Dios son personas que se esfuerzan, que tienen una ética de trabajo clara y que incluso cuando parece que ya no pueden más y se preguntan si ese será el fin de sus días, sus pies los llevan en la dirección correcta. Que en este día podamos ser guiados por el Espíritu y sepamos tomar aliento en la presencia de Dios para poder continuar.

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