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Salmos 147:11 Se complace Jehová en los que le temen, Y en los que esperan en su misericordia.

Por: Dayse Villegas Zambrano

El Salmo 147 nos recuerda que Dios es experto en atender necesidades. Él cubre de nubes los cielos, prepara la lluvia para la tierra, hace a los montes producir hierba, da a los animales su mantenimiento y da de comer a las aves que claman. 

Con razón Jesús muchas veces en parábolas puso a Dios como el señor de una propiedad o un padre de familia, con sus múltiples tareas y responsabilidades. Él no se molesta por tener que proveer y atender, porque sabe que de eso depende la vida. Antes bien, se complace en que pongamos nuestras esperanzas en él. 

No solo las esperanzas de un futuro en los cielos. Habla de lo que esperamos en este momento, de nuestras necesidades concretas de un clima favorable, de una producción generosa por parte de la tierra, de una naturaleza en equilibrio. No solo necesitamos dinero para comprar cosas. Necesitamos de la benevolencia de Dios en el ambiente, aquello que no podemos pagar. 

Dios ya tiene resuelto nuestro futuro en los cielos, su plan de salvación fue un éxito, se hace efectivo cada vez que alguien cree en el evangelio de Jesucristo; desde que se completó, todo lo que resta allá arriba es hacer fiesta cada vez que un pecador se arrepiente (Lucas 15:7). 

Aún así, él sigue atendiendo nuestros asuntos diarios. Todos nuestros cabellos están contados (Mateo 10:30). Nuestro pan de cada día está en su mano (Mateo 6:11). Tiene previsto con qué vestirnos (Mateo 6:30). Y este tipo de misericordias se renuevan todos los días (Lamentaciones 3:22-23). Él no se cansa. Y porque él no se cansa, no nos cansemos nosotros de esperar su fidelidad.

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