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Lamentaciones 3:24 Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré.

Por: Dayse Villegas Zambrano

Tal vez por su título y su temática, Lamentaciones es un libro del cual hablamos menos que de los demás. Es cierto que no parece, con ese nombre, muy inspirador. Su tema es lo que sucede cuando estamos en profunda crisis, afligidos, lastimados o caídos: nos aislamos, nos avergonzamos y nos lamentamos. 

No todas las personas saben acompañar al que está viviendo tiempos de lamentación. He experimentado el aislamiento, pero también el acompañamiento, y por eso puedo decir que lo segundo es definitivamente lo aconsejable, saludable y lo que nos ayuda a salir. 

El libro de Lamentaciones es esa clase de compañero. Escrito por alguien que confiesa que está viviendo una época amarga y que ni él ni los suyos pueden culpar a nadie más que a sí mismos. Cuando lo que vivimos es consecuencia de nuestras acciones, lo único que podemos hacer es reconocer, aceptar y llorar. 

Note que el escrito no se llama Disculpas, Excusas ni Acusaciones. No ignora que hubo enemigos que propiciaron la caída, pero tampoco evade responsabilidades. Si hubiese otro nombre para él, sería Confesiones. Refleja la madurez del alma para reconocer sus faltas, aceptar las consecuencias y experimentar el dolor del arrepentimiento. 

Y sin embargo, de estos cinco dolorosos poemas, uno está consagrado a la esperanza. Lamentaciones nos dice que el que llora y recibe el pago de sus malas decisiones no está perdido si tiene el sentido suficiente como para aferrarse a un Dios que se ha airado contra él, pero no permanecerá así eternamente. De ese corazón quebrantado nos quedan estas palabras: Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.

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