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Lamentaciones 3:25-26 Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová.

Por: Dayse Villegas Zambrano

Esperar en silencio. Qué desafío. No se trata, como ya hemos dicho en el transcurso de estos devocionales, de encerrarse y no querer hablar con nadie. De esconderse de Dios y de los demás. Se trata de la actitud humilde que modeló Jesús en la cruz, al sufrir la ofensa sin devolverla, ni siquiera con palabras maldicientes o hirientes. 

¡Sin defenderse! Es algo que va contra nuestra naturaleza humana. Claro que quiero defenderme cuando alguien me lastima. Hasta la persona más tranquila sabe cómo se acumulan en su mente las posibles contestaciones para dejar al otro fuera de combate. Sin embargo, es una tentación a la que debemos resistir. Porque muy por encima de eso nos está esperando un remedio insuperable: la salvación de Jehová. 

¿Es pesado aguardar en silencio? Sí, lo es. El autor de Lamentaciones lo compara con un yugo que hay que aprender a llevar desde la juventud. El que aprende a esperar en silencio en medio de la aflicción, con la mirada puesta en Dios, alcanza misericordia, no importa si ha caído hasta morder el polvo. “Porque el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres” (Lamentaciones 3:28-33). 

Esperar en silencio la salvación de Dios no debería ser visto como un castigo, un sufrimiento, una tragedia. Es una salida. Que en los momentos difíciles presentes o venideros podamos encontrar esperanza en un Dios que es bueno con los que lo buscan.

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