Zacarías 9:12 Volveos a la fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble.
Por: Dayse Villegas Zambrano
Este verso está engarzado como una joya en la profecía del futuro Rey de Sión y la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén montado en un pollino; se anuncia la destrucción de las armas y los carros de guerra, que son los símbolos de la esperanza en las fuerzas temporales, y se proclama la instauración de la paz con la liberación de Jerusalén y de sus presos.
Es un cuadro maravilloso que habla directamente a los corazones de aquellos a los que llama “prisioneros de esperanza”. ¿Quiénes son ellos? Los que son salvos por la sangre del pacto (Zacarías 9:11). Los judíos que estaban regresando o soñando con regresar del exilio en Babilonia. Que habían vivido hasta 70 años lejos de su tierra y del templo, espiritualmente encerrados en una cisterna sin agua. Y sin embargo habían resistido porque sus corazones, en vez de ser cautivos del imperio, estaban cautivos a la esperanza de la liberación, del regreso, de restablecimiento del reino.
Ellos lo habían perdido todo. Muy pocos tendrían familiares que los esperaban en su tierra. Sus propiedades probablemente habrían sido destruidas u ocupadas. Como en el caso de Daniel y sus amigos, hasta sus nombres habrían sido cambiados. El mensaje para ellos es: ¡Vuelvan a la fortaleza! Lo que sea que hayan perdido, Dios restaurará el doble.
El mensaje para nosotros es el mismo. ¡Volvamos a la fortaleza! Alguno dirá: ‘Ah, es que usted no sabe por lo que estoy pasando’. Pero cualquiera que sea la situación en que estemos, nuestro corazón debe permanecer sujeto a la esperanza. Volvernos a Dios, donde está nuestra fortaleza. Y creer que él tiene el deseo y el poder de restaurarnos.