Hechos 2:25-26 Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza.
Por: Dayse Villegas Zambrano
Cuando dormimos, descansa nuestro cuerpo, pero también los pensamientos y las emociones. Dormir poco o mal no solo nos deja físicamente agotados y propensos a enfermar, sino que nos dificulta pensar con claridad al día siguiente, nos frustra y nos pone de mal genio: nos volvemos más rápidos para responder de mala manera.
Dormir mal tiene mucho que ver con la probabilidad de cometer errores o sufrir un accidente. A los conductores profesionales o los viajeros que tienen que conducir grandes distancias se les recomienda dormir bien y, si tienen sueño, hacer una parada y dormir antes de continuar. ¿Sabía que pasar 17 horas sin dormir equivale a 0,05 % de alcohol en sangre, que está por encima del límite legal en Ecuador?.
Es importante que Pedro, citando el Salmo 16, haya puesto la esperanza en Jesús como la fuente del descanso físico, mental y emocional del creyente. No decimos que esto sustituye al sueño reparador, sino que lo hace posible. El corazón que descansa en Dios es alegre. La expresión y el lenguaje del que espera en Dios son gozosos. Porque son personas que cuando miran hacia adelante, ven al Señor siempre delante de ellos y confían tanto en él que se dan el tiempo para descansar, seguros de que él está vigilante.
Porque lo ven a su lado en los pequeños y grandes acontecimientos de la vida, saben que no serán sacudidos por las circunstancias del mundo. Pareciera que no es una pregunta muy espiritual, pero a partir de esta lectura, creo que podemos cambiar nuestra mirada: ¿Cómo estamos descansando, en inquietud o en esperanza? ¿Nos levantamos renovados o al límite? Es uno de los síntomas de nuestra vida espiritual. Que cada día podamos descansar en esperanza.