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Romanos 4:18 El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.

Por: Dayse Villegas Zambrano

El caso de Abraham podría ser calificado como desesperado. Un hombre de la tercera edad al que se le anuncia que va a tener un hijo y amplia descendencia, y luego tiene que esperar hasta cumplir cien años para ver que esto se haga realidad. 

Eso es creer en esperanza contra esperanza. Las altas expectativas del creyente, basadas en las altísimas promesas de Dios, frente a las frías expectativas de la realidad humana. Un hombre de 100 años y una mujer de 90, por mucha buena genética que tengan, no pueden esperar un hijo. Pueden esperar burlas, decepciones y hasta la muerte, pero no un hijo. 

Sin embargo, Abraham y Sara no solo esperaban un hijo, sino una multitud de descendientes, una nación. Una historia de siglos que sigue desarrollándose, con episodios de destrucción, exilio, diáspora, guerra, holocausto y terrorismo, pero también de retorno y supervivencia. 

¿Creemos nosotros en esperanza contra esperanza? Generaciones tras generaciones de creyentes han dormido y están esperando el gran día. Nosotros aquí aún no sabemos si los seguiremos o si viviremos lo suficiente como para verlos en el día de la resurrección. No solo esperamos nuestra resurrección y rescate personal, sino la restauración de todas las cosas (Apocalipsis 21.5). Nuestra esperanza, comprada a alto precio, no debe ser minimizada. Que todos los días podamos compartirla.  

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